Historia que no es, que no llega ni a relato.
Te veo, como un fantasma de humo que me llama, que me invita a vivir, a vivirnos. Pero cuando doy un paso, me despierto y ya no estás.
Me dejas sola. Siempre dudando hasta que vuelvo a intentarlo, para caer de nuevo en el vacío de tu abandono.
Y yo te veo, porque no puedo sacarme tu imagen, tu sonrisa tonta de esta cabeza cansada de pensarte.
Ausente.
Lo nuestro es una ausencia permanente, un ser y no estar. Un idilio simbólico plagado de idas con vueltas retrasadas.
Cada vez que intento tocarte, materializarte, te rompés como un cenicero de papel. Y yo ya siento que me duele el cuerpo de extrañarte, de tironearte para este lado; para mi lado.
Te veo, y te veo desdibujado; estás y no estás, fuera de foco, fuera de mi vida.
Cada vez más lejos.
Y ya no sé, si algún día podré realmente verte, con todos tus colores reales.
Porque hasta ahora, solo veo sombras.
Mar Plaine.


