"Ella sufre en alguna parte. Siempre ha sufrido. Es muy alegre, adora el amarillo, su pájaro es el mirlo, su hora la noche, su puente el Pont des Arts..."
jueves, 6 de agosto de 2015
Running up that hill
El verano terminó, se fue dejando flores rotas con perfume a olvido.
Se acabó, solo quedan sombras ciegas y esa falsa sensación de calidez, el recuerdo del amor tenue, el cuerpo tibio, besos. Una falacia. O una utopía.
El verano se acabó, entre versos perfectos, ilusiones pérfidas. Una guitarra suave suena de fondo, pincelando con notas de nostalgia los días, que se van tiñendo con un triste degradé de grises.
El verano ya no está. resplandece en mi memoria tan lejano como las últimas palabras de aquella charla simbólica.
Esta ausencia de calor (y de color) tiene sabor a café, a palabras tachadas, silencios ensordecedores.
Huele a vacío, a hojas secas, a hojas húmedas.
En medio de un trueno que hace tiritar las ventanas, me doy cuenta de que nunca tuvimos un verano. Lo dejamos desvanecer entre miedos, ausencias programadas. Excusas.
El verano, ese conjunto de abandonos y postergaciones, hoy tan lejano bajo las hojas secas de los árboles de mayo.
Somos un otoño, al final.
Un signo de pregunta, la nada. Un manojo de posibilidades que mueren siendo eso, solo posibilidades. Que no tomamos.
El verano se nos fue, y nos quedamos con un otoño de preguntas, de suposiciones irracionales.
El verano murió.
Solo quedamos vos y yo, extraños otra vez, separados por la distancia fría del olvido otoñal.
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